
🌊 Maratón de Lima 2026: el malecón, la garúa y los 42K más fotogénicos del Pacífico
Son las 6:00 de la mañana del domingo 24 de mayo. El Pacífico está oscuro y la garúa —esa llovizna fina que Lima fabrica como nadie en mayo— ha dejado el malecón mojado. Quince mil dorsales se aprietan en la zona de Magdalena del Mar. Hace 16 grados, la humedad ronda el 88%, y delante: los 42,195 kilómetros más fotogénicos que se corren en el Pacífico sudamericano.
Esto es el Maratón Lima 42K, edición 2026. Una carrera relativamente joven en el calendario internacional pero que en pocas ediciones se ha convertido en la prueba de referencia del fondo peruano y, cada vez más, en parada habitual de los grupos kenianos y etíopes que buscan podio garantizado en el otoño austral. La organización corre a cargo de la Asociación Deportiva Peruana Maratonista y mantiene la doble distancia 42K + 21K saliendo desde el mismo punto.
Una maratón a nivel del mar. Y rara vez en el calendario internacional.
A diferencia de Madrid, Cusco o Ciudad de México, Lima se corre al nivel del mar. Eso, en una región dominada por la altitud, es casi una rareza. La Costa Verde se asienta entre los 0 y los 80 metros sobre el mar, y la única "subida" que vas a notar son las rampas de salida y entrada al malecón en Barranco y Chorrillos. Esto debería ser, en teoría, una maratón rápida.
En teoría. Porque Lima tiene una baza que muchos circuitos europeos no tienen y que pesa: la humedad costera. En mayo, con la garúa instalada y la corriente de Humboldt enfriando el aire, las temperaturas son benignas pero la humedad relativa puede pasar del 85% durante toda la mañana. Eso afecta a la termorregulación más de lo que la gente cree, sobre todo a partir del kilómetro 30.
El recorrido: el balcón del Pacífico
El recorrido del Maratón de Lima es uno de esos que justifican el viaje aunque no se busque marca personal. La salida está en el malecón de Magdalena, recorre Miraflores con la postal del Parque del Amor y los acantilados, baja a Barranco —el barrio bohemio de Lima, con sus murales y sus bajadas al mar— y vuelve sobre sus propios pasos para completar los 42K. Es básicamente un ida y vuelta sobre la Costa Verde con dos vueltas parciales para cuadrar la distancia.
Salida temprana, todavía con luz baja. Trazado plano sobre el malecón con vistas constantes al océano. El error clásico: salir muy fuerte porque la primera parte se siente fácil. La humedad va a cobrarte la euforia más adelante.
El paso por el Faro de la Marina y el Parque del Amor es probablemente el momento más fotogénico de la carrera. Los acantilados de Miraflores caen 70 metros sobre la playa. Se corre con esa estampa al lado durante casi todo el tramo.
Aquí está la parte menos plana del recorrido. La bajada hacia Barranco y la subida posterior cambian el ritmo de las piernas. No es un puerto, son rampas de 200–400 metros que en frío serían anecdóticas, pero a esa altura de la carrera ya no lo son tanto.
Vuelta sobre el malecón en sentido contrario, con el sol empezando a abrir hueco entre la garúa. Es el momento en el que la humedad acumulada empieza a pesar y el ritmo cardíaco se dispara aunque el ritmo de carrera no cambie. Quien no haya bebido bien desde el kilómetro 5, lo paga aquí.
Llegada al malecón de Magdalena, donde se concentra el grueso del público local. Plana, recta, sin trampas. Lo único que queda es aguantar lo que la humedad te ha dejado.
Resumen estratégico: salir conservador, hidratar de manera más agresiva de lo que harías en una maratón europea de mayo, y reservar para los últimos diez kilómetros. Lima no rompe por desnivel, rompe por humedad.
Favoritos internacionales: Kenia y Etiopía, otra vez
Favoritos — Hombres internacionales
Favoritas — Mujeres internacionales
El nombre que importa: Cristhian Pacheco
Referencia local — Hombres
Referencia local — Mujeres
Si vas a viajar para correrla, lo que tienes que saber
Lima no es una maratón cara: la inscripción del 42K ronda los 250–300 soles (60–80 €), bastante por debajo de cualquier maratón europea o estadounidense. La logística desde España es directa: vuelos a Jorge Chávez con escala en Madrid o Bogotá, y el centro de la carrera (Miraflores, Barranco, Magdalena) se mueve en taxi por menos de 10 € de un punto a otro.
Lo más importante: cuidado con el shock de humedad. Si vienes de un mayo seco europeo, los primeros días en Lima cuesta dormir y cuesta entrenar. Llegar con cuatro o cinco días de antelación ayuda. Y dos cosas que conviene saber: en mayo casi nunca se ve el sol (es invierno costero) y el agua del mar está fría. No es Río ni Cancún. Pero los 42K en Lima los recuerdas para siempre.
¿Vale la pena?
A mí me parece que sí, sobre todo si buscas una maratón internacional fuera del circuito europeo sin pagar lo que cuesta Tokio o Boston. El recorrido es bonito de verdad, el ambiente local está vivo, la organización está madurando rápido y los 42K al nivel del mar se prestan a una buena marca si gestionas la humedad. Eso sí, no es Sevilla. La humedad es el factor X, y conviene respetarlo.
El domingo 24 de mayo Lima corre. Y quien haya entrenado bien la hidratación —no solo el ritmo— se llevará una de las mejores maratones del calendario sudamericano.
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