
🌍 Las carreras de running más importantes del mundo (fuera de España)
Hay carreras que existen. Y hay carreras que forman parte del imaginario del running. Las que aparecen en la cabeza del corredor cuando todavía le quedan dos meses de preparación y empieza a soñar con la meta. Las que tienen historia, carácter, peso específico en el mundo del deporte. Las que te cambian algo por dentro cuando las cruzas, aunque hayas llegado el último.
Este artículo no es un ranking. No pretendo decirte cuál es mejor que cuál, entre otras cosas porque depende de qué buscas. Una persona que quiere su marca personal tiene objetivos distintos a alguien que quiere una experiencia, y alguien que quiere una experiencia tiene un perfil completamente diferente al que busca la carrera más dura que pueda encontrar. Lo que sí voy a hacer es contarte qué tiene cada una de las grandes carreras del mundo para que, si alguna vez tienes la oportunidad, sepas exactamente qué estás eligiendo.
Los Abbott World Marathon Majors: el circuito de los seis grandes
Existe un circuito oficial que agrupa las seis maratones urbanas más importantes del planeta. Se llama Abbott World Marathon Majors, y sus participantes pueden acumular puntos en los seis para conseguir la medalla de "Six Star Finisher". Correr las seis es uno de los objetivos de vida de miles de corredores populares en todo el mundo.
Las seis plazas, en orden de calendario anual:
De las seis, Berlín es donde se buscan marcas personales. Boston es donde se busca el honor de haber clasificado. Nueva York es la que más te cambia emocionalmente. Y Tokio es la que más te sorprende si nunca has estado en Japón. Cada una tiene su carácter propio, y los seis finishers que conozco suelen decirte que cada una fue una experiencia distinta aunque la distancia sea siempre la misma.
Maratones icónicas fuera del circuito Major
Los Majors concentran atención y presupuesto de marketing, pero hay otras maratones en el mundo que tienen un peso propio y que cualquier corredor con aspiraciones internacionales debería conocer.
Son las 8:45 de la mañana de un domingo de abril. Los Campos Elíseos están cortados al tráfico y cubiertos de corredores. Delante: la Torre Eiffel, el Bois de Boulogne y 42 kilómetros por el corazón de la ciudad más visitada del mundo. París tiene más de 50.000 participantes cada año, lo que la convierte en la mayor maratón de Europa. El recorrido pasa por el Louvre, Notre-Dame en reconstrucción, el Château de Vincennes y termina de vuelta en los Campos Elíseos. La participación internacional es enorme: vienen corredores de más de 140 países. Y el ambiente festivo que tiene París en día de maratón es algo difícil de describir a quien no lo ha vivido.
Dos mil años de historia como escenario. El Circo Máximo en el kilómetro seis, la Ciudad del Vaticano en el quince, el Coliseo antes de la meta. La Maratona di Roma es única en el mundo porque ninguna otra ciudad puede poner semejante patrimonio en el recorrido de una carrera. No es la más rápida — el adoquín histórico y el tráfico de turistas entre el lunes y la carrera del domingo no lo favorecen — pero la experiencia es incomparable. Si alguna vez vas a Roma y hay maratón ese fin de semana, no lo pienses dos veces.
La carrera que lo inventó todo. La ruta original de Fidípides, de Maratón a Atenas, recorrida el primer domingo de noviembre en sentido inverso al que hizo el mensajero legendario —de la ciudad al campo— o, más exactamente, de la localidad de Maratón al Estadio Panatenaico de Atenas. 42 kilómetros por la misma carretera que recorrió el hombre que supuestamente murió al llegar. El estadio de mármol blanco como meta. No es la carrera más rápida —tiene un repecho de varios kilómetros en la segunda mitad que destroza piernas— pero cruzar la meta en el Panatenaico mirando las gradas de mármol es uno de esos momentos que no se explican. Se viven.
Estocolmo en junio son casi 18 horas de luz diaria. La maratón aprovecha ese verano escandinavo para ofrecer una carrera que pasa por la ciudad vieja, bordea el lago Mälaren y termina en el estadio olímpico de 1912. El ambiente es diferente al de las grandes maratones centroeuropeas: más tranquilo, más nórdico, con ese carácter sueco de seriedad y eficiencia mezclado con una hospitalidad genuina. Si te gustan los ambientes menos masificados pero igualmente bien organizados, Estocolmo en junio es un plan excelente.
La Montaña de la Mesa al fondo. El Atlántico a un lado. Ciudad del Cabo en octubre tiene un clima que no puede ser más perfecto para correr, y el recorrido de la maratón pasa por la costa, los viñedos del entorno de la ciudad y los barrios históricos del corazón urbano. Es una carrera que sigue creciendo en reconocimiento internacional y que tiene el sello que distingue a las buenas maratones de las muy buenas: cuando terminas, tienes ganas de volver.
Trail y ultratrail: las grandes referencias mundiales
El trail running tiene su propio panteón. Y en el asfalto, los Majors concentran el dinero y la atención mediática. En el monte, hay cuatro o cinco carreras que tienen un peso simbólico comparable o mayor. Son las que los corredores de montaña ponen en la lista de objetivos de vida mucho antes de plantearse si pueden completarlas.
Son las seis de la tarde del último viernes de agosto. La plaza principal de Chamonix es un hervidero. Dos mil corredores con linternas en la cabeza, sin haberlas encendido todavía porque el sol todavía alumbra el macizo del Mont Blanc. Delante: 171 kilómetros y más de 10.000 metros de desnivel positivo por tres países —Francia, Italia y Suiza— con el techo de los Alpes occidentales como escenario permanente. El UTMB es la carrera de trail más famosa del mundo. No discuto si es la mejor —hay debate legítimo sobre eso— pero ninguna otra tiene el mismo peso simbólico, el mismo ambiente pre-salida, la misma densidad de corredores de élite en el mismo lugar al mismo tiempo. El acceso es por sorteo y puntos UTMB Index, lo que hace que llegar a la salida ya sea en sí mismo un logro.
El Western States es la carrera que inventó el ultratrail moderno. 1977, primera edición. 100 millas —160 kilómetros— desde Squaw Valley hasta Auburn siguiendo el antiguo camino de los mineros de la fiebre del oro. La carrera entra en zona de alta montaña en los primeros kilómetros, baja a los cañones del Middle Fork American River en pleno calor californiano de junio y termina con los corredores recibiendo el cinturón de hebilla plateada en lugar de medalla. El acceso es por sorteo, con tan poca probabilidad de entrar que hay corredores que llevan cinco años en lista de espera. Eso dice algo de lo que significa para la comunidad ultrafondista.
El Comrades no es un trail. Es un ultramaratón de asfalto de 90 kilómetros entre Durban y Pietermaritzburg (o al revés, dependiendo del año). Y tiene cien años de historia detrás. Nació en 1921 como homenaje a los soldados caídos en la Primera Guerra Mundial, y desde entonces se corre cada año con la excepción de la Segunda Guerra Mundial. Más de 25.000 corredores, un ambiente de ultrafondo que no tiene nada que ver con el mundo del maratón popular, y un corte en 12 horas que te obliga a ir con cabeza. El Comrades es el ultramaratón más participado del mundo, y eso lo dice todo.
Seis días. Seis etapas. 250 kilómetros a través del desierto del Sahara en Marruecos. Los corredores llevan su propio equipo, su propia comida y su propia voluntad de terminar. La organización solo proporciona agua y tienda de campaña. El Marathon des Sables es considerado la carrera a pie más dura del mundo por muchos, y en 2026 cumple su 40.ª edición. No es una carrera de velocidad. Es una gestión de supervivencia durante seis días en uno de los entornos más hostiles del planeta. Los que la terminan no hablan de tiempos. Hablan de lo que descubrieron de sí mismos.
Las raras: carreras que existen y no deberían
Hay un tercer tipo de carrera que no es de asfalto ni de trail convencional. Son las que alguien diseñó pensando "¿qué es lo más difícil o lo más absurdo que podemos hacer?". Y funcionaron.
Parte del recorrido es por la Gran Muralla. No por la zona turística fácil. Por la parte con miles de peldaños de piedra irregular de altura variable, con inclinaciones que rondan el 70% en algunos tramos. La gran mayoría de los participantes anda una parte del recorrido. La mayoría usa las manos además de los pies. Nadie la corre en tiempo razonable. Y todos la terminan con la misma expresión de "no sabía en lo que me metía". Unas 2.500 personas cada año, de más de 50 países. Lista de espera.
Son las 12:30 de la noche y el sol sigue en el horizonte. Tromsø, norte de Noruega, 20 de junio de 2026. La ciudad está a 69 grados de latitud norte, por encima del Círculo Polar Ártico, lo que significa que en verano el sol no se pone. El Midnight Sun Marathon se corre en esa oscuridad que no es oscuridad, con temperaturas frescas, con los fjordos al fondo y con el alucinante efecto visual de ver sombras largas a medianoche. No es la más dura ni la más rápida. Es simplemente una de las experiencias más raras y hermosas que puedes tener corriendo.
¿Vale la pena viajar para correr?
Mi respuesta es sí, aunque con matices. El running de viaje es caro, requiere planificación y a veces la logística te come la experiencia. Pero hay algo que pasa cuando cruzas una meta en una ciudad que no es la tuya, con personas que no hablan tu idioma, en un entorno que no conocías hace seis meses. Algo que no pasa en la misma carrera si la hubiera cerca de casa.
¿Sois conscientes de que el running popular internacional se ha convertido en uno de los mejores motivos para viajar que existen? No eres turista. No eres solo corredor. Eres alguien que eligió conocer Berlín o Estocolmo o Sudáfrica con las zapatillas puestas y 42 kilómetros por delante. Eso da un tipo de perspectiva sobre los lugares que ninguna guía de viajes puede ofrecerte.
La lista es larga. El tiempo, siempre corto. Pero la pregunta no es si puedes correr todas estas carreras. La pregunta es por cuál empiezas.
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